Domingo, 20 de Setembro de 2020
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1074
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Josep Maria Casasús

Por lgarcia em 19/03/2003 na edição 216

LA VANGUARDIA

“No nos cortemos ante las dudas”, copyright La Vanguardia, 16/3/03

“Los lectores de ?La Vanguardia? y su defensor no nos debemos cortar cuando decidamos formular quejas al diario, aunque tengamos dudas sobre si son atinadas.

Por supuesto, tampoco no nos debemos cortar para plantear preguntas y confiar sugerencias, o para pedir que se indague sobre hechos oscuros o encubiertos, aunque tengamos dudas sobre su pertinencia. No nos cortemos. Es de humanos dudar.

Tampoco debemos cortarnos al solicitar al diario rectificaciones por faltas técnicas o deontológicas, o por errores y erratas, aunque pensemos que tal vez son intrascendentes. Es de humanos dudar y, como expliqué en otra crónica, es de periodistas rectificar.

El pasado miércoles, el lector Juan Bustos, de Madrid, no se cortó al quejarse por un uso dudoso del término ?corte?. Dijo en suma: ?La prensa española va cayendo en el vicio, muy extendido en Sudamérica, de meternos palabras inglesas en el idioma. Ahora ya salen en grandes titulares nombres como Corte Internacional o Corte Penal. Dudo que la palabra ?corte? empleada en este sentido sea admisible en castellano?.

Otro lector, Albert Samper, de Barcelona, ha manifestado también esta semana su sorpresa por este uso periodístico nuevo del término ?corte? en lugar de ?tribunal?. Conversé con ellos sobre esta duda terminológica.

He comentado el caso con el responsable de la sección de Edición de ?La Vanguardia?. Considero oportuno exponer hoy en esta crónica de defensor las conclusiones resumidas de todos estos diálogos y consultas.

Efectivamente, los vocablos angloamericanos cunden hoy en los idiomas románicos o neolatinos. Es un fenómeno que analiza con autoridad Fernando Lázaro Carreter en sus artículos y libros sobre lenguaje.

Pero la denominación Corte Penal Internacional es correcta en castellano. Figura en una de las acepciones de la última edición del Diccionario de la Real Academia Española. Y el término ?corte? usado en el sentido genérico equivalente a ?tribunal de justicia? también está registrado como acepción en el citado diccionario, aunque hace constar, en este caso, que es un americanismo.

En consecuencia, en los diarios españoles no es adecuado escribir ?corte? en lugar de ?tribunal?, pero es necesario, en cambio, emplear ?corte? en la locución Corte Penal Internacional cuando hagamos referencia concretamente a este tribunal, constituido solemnemente esta semana en La Haya.

LAS ENFERMEDADES mentales suelen mencionarse de forma impropia en la prensa, ya sea asociadas a la identificación de personas, ya sea como recurso metafórico.

He recibido recientemente advertencias de lectores sobre diversos usos abusivos de términos relacionados con este ámbito de la salud. El lector Manuel Berberana Eizmendi, de Madrid, ha enviado un escrito que firma con otras personas de la Asociación de Familiares Martínez Campos, en el que dice lo siguiente: ?Nuestros enfermos mentales leen periódicos y ven televisión y deben ser un colectivo que cuidar. A ninguno de los colectivos que los periodistas miman les ponen ?apellidos? al designarlos. Me explico: no se habla de mayores diabéticos ni de ?prostitutas negras?. En cambio a nuestros enfermos se les menosprecia sacando a relucir al ?enfermo mental? que agrede o al ?esquizofrénico? que mata. Tampoco se les ocurre si un ?cuerdo? comete una violencia decir que él, aun siendo verdad, tiene psoriasis?.

Ciertamente, es un deber periodístico abstenerse de señalar de modo despectivo, peyorativo o con prejuicios, que una persona padece una enfermedad física o mental. Este es un principio ético esencial incluido en nuestros códigos deontológicos (el del Col?legi de Periodistes de Catalunya y el de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España) y en los de tradiciones periodísticas más consolidadas, como el de la Comisión británica de Reclamaciones a la Prensa.

Sin embargo, es lógico que les asalten dudas a los periodistas al escribir sobre aquellos casos en que el dato de la enfermedad mental modifica la calificación de una conducta, factor que también interviene de forma determinante en la tipificación penal por considerarse circunstancia eximente.

También es reprobable el uso de denominaciones propias de una enfermedad mental en un sentido figurado abusivo. Me lo recuerda en un correo electrónico la lectora Maria Grau Tarruell, de Sabadell, a propósito de esta oración extraída del diario: ?Las crisis alimentarias de los últimos años (mal de las vacas locas, pollos con dioxinas, transgénicos no identificados, etcétera) llevaron a una histeria sin precedentes entre los consumidores, que, según la Comisión Europea, reclaman ahora más seguridad?.

Dice la lectora: ?Me parece de mal gusto usar una palabra referida a una enfermedad mental para calificar una reacción de los consumidores ante un cúmulo de noticias confusas. ?Se puede calificar de ?histérica? la reacción de un ciudadano o ciudadana que dejó de comprar una determinada clase de carne, por ejemplo, después de leer unas noticias alarmantes y sin posibilidad de comprobar qué había de cierto en todo ello??.

En efecto, no es un término ajustado.

LÓPEZ DE SILANES es el consejero delegado de Gas Natural. En un epígrafe de foto publicado el pasado martes (pág. 69) se le identificaba, en cambio, como consejero delegado de Repsol. Se quejaron varios lectores. En el cuerpo de la información se citaba correctamente el cargo, pero el lapsus en la foto imponía al lector la molestia de disipar dudas. Los errores publicados tienen que enmendarse en la edición inmediata. No se hizo. La función de la prensa es aclarar, no sembrar la duda, aunque sea pequena.”

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