Terça-feira, 14 de Julho de 2020
ISSN 1519-7670 - Ano 19 - nº1074
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ENTRE ASPAS >

Milagros Pérez de Oliva

29/06/2010 na edição 596

‘Hay una regla no escrita en periodismo según la cual la noticia negativa tiene más posibilidades de ser publicada que la positiva. Que los trenes lleguen puntuales no es noticia porque es lo que se espera que ocurra. Que lleguen tarde de forma sistemática sí lo es porque no debe ocurrir y perjudica a los ciudadanos. Pero una cosa es ejercer la labor fiscalizadora que la democracia otorga a la prensa, y otra exagerar los aspectos negativos o distorsionar los datos de tal modo que se altere la percepción sobre la realidad. Esta es la cuestión que plantean a la Defensora Juan Ángel Infantes Rodríguez, enfermero de Madrid, y Flora Espejo, subdirectora de Atención Primaria del área 4, también de Madrid. Se quejan por la noticia Desciende la satisfacción en atención primaria, publicada en la sección de Madrid sobre una encuesta de valoración de la atención sanitaria en la Comunidad de Madrid.

Cuando un diario titula así una noticia a cuatro columnas, lo lógico es pensar que se ha producido un deterioro significativo. Pero lo que el lector encuentra en el primer párrafo de la información es lo siguiente: ‘Por más que los médicos de familia y los pediatras puedan verse desbordados en muchas consultas, la atención primaria vuelve a obtener mejor valoración que la especializada este año. Un 86% de los 4.435 encuestados por Sanidad aseguró estar satisfecho o muy satisfecho. Es un notable alto, pero la valoración desciende ligeramente respecto a la encuesta del año pasado, cuando la satisfacción fue del 88%’. Estarán ustedes de acuerdo en que se trata de una valoración muy positiva: ya querrían muchos servicios públicos y hasta empresas privadas obtener esos índices de satisfacción. ¿Por qué, pues, ese titular tan negativo?

La autora de la información, Elena Sevillano, sostiene que ‘el titular refleja el dato más significativo de la encuesta, la satisfacción global de los pacientes de primaria, que es también el que destacó la propia Consejería de Sanidad. Lo que no hizo la Consejería, y sí debíamos hacer nosotros, era comparar ese dato con el del año pasado para ver la evolución. La satisfacción había bajado, y eso es lo que recoge el titular’. Elena Sevillano destaca que la encuesta elude cuestiones tan importantes como la valoración de los usuarios sobre el tiempo de espera para obtener cita con un especialista o para someterse a una intervención quirúrgica. Eso es cierto, y es correcto señalarlo como ella hace en la información. Pero un descenso de dos puntos sobre una valoración de 88, que roza el sobresaliente, no es tan significativo como para figurar en el titular, y puede coincidir con el margen de error de la propia encuesta. El titular debe corresponderse con el contenido del texto. Si se dan dos páginas a la encuesta y los principales titulares son negativos, pese a que en el texto se encuentran abundantes datos positivos, puede parecer que el enfoque no ha sido equilibrado e incluso inducir en el lector sospechas de manipulación partidista como la que plantea Flora Espejo: ‘Me pregunto si esto obedece a una clara intención de influir en la opinión del lector reflejando, de forma interesada, únicamente los datos que descienden (aunque ligerísimamente) y así generalizar la idea de que la sanidad madrileña es cada vez peor’. Tal vez le tranquilice saber que en la hemeroteca hay otras noticias con titulares igualmente negativos sobre encuestas de valoración de la sanidad a nivel nacional o en autonomías de distinto signo político.

Creo que el principal factor de distorsión es, en estos casos, el negativismo, una tendencia convertida en rutina por la que los aspectos negativos, incluso cuando son livianos, puedan llegar a pesar más que los positivos. En su manifestación extrema puede llegar a convertir en titular negativo un dato positivo. La sanidad apenas mejora es el título a cinco columnas de una información publicada el 2 de mayo sobre una encuesta de valoración de los servicios públicos de Madrid en la que se observa una mejora en la percepción de la sanidad: el porcentaje de ciudadanos que la consideran el peor servicio desciende cinco puntos (del 38% al 33%) y el de quienes la sitúan entre los tres principales problemas de Madrid baja 14 puntos (del 33% al 19%).

No se trata de ser complacientes con el poder. Cuando los datos negativos son significativos, merecen figurar en el titular. Pero no es aceptable que el titular no se ajuste al contenido de la información o incurra en ejercicios de contorsión tan evidentes que lo que acabe malparado sea el diario. Los periodistas contribuimos a formar opinión. Aunque los datos sean ciertos, presentarlos de forma desequilibrada deforma la realidad. Destacar en los titulares aspectos negativos poco significativos sobre el sistema sanitario público e ignorar los positivos contribuye a erosionar la legitimación social de uno de los pilares del Estado de bienestar.

Esta distorsión negativista se expresa a veces en forma de exageración. ‘La crisis, el miedo a perder la oportunidad de trabajar, ha derrumbado la natalidad en España’, se leía el pasado miércoles en la llamada que tenía en la portada de EL PAÍS un interesante reportaje de la sección Vida y Artes. Que la natalidad vuelva a descender en España, después de 10 años de crecimiento, es un cambio de tendencia que merece sin duda ser destacado. Pero no en esos términos. Con un descenso del 5%, la natalidad no se derrumba. Desciende, disminuye, se reduce, incluso cae, pero ni se precipita ni se despeña, según la RAE define el verbo derrumbar. Algunos lectores han protestado, entre ellos el demógrafo Antonio Fernández Cordón, quien subraya que la crisis no es el único ni el principal factor de este descenso.

A nadie se le oculta que un enfoque catastrofista en esta cuestión puede ser utilizado como munición dialéctica por quienes sostienen que se ha de recortar el Estado de bienestar alegando que no podremos sostenerlo, cuando su futuro no depende tanto de la natalidad como de la capacidad que tenga la economía española de generar riqueza y empleo.

En las situaciones de crisis, la distorsión negativista puede llegar a tener elevados costes sociales si se crean estados de opinión que inducen a adoptar medidas políticas de signo compulsivo, como hemos visto en el caso de la epidemia de gripe A. La sociedad ha pagado un alto precio por la espiral alarmista en la que cayeron los medios, en una sinergia a la que sin duda contribuyeron las autoridades sanitarias. La epidemia demostró además que podemos tropezar varias veces con la misma piedra, pues ya en las crisis del SARS y de la gripe aviar se habían observado los mismos mecanismos de distorsión: priorizar el dato más negativo del peor escenario posible. Y presentar como hechos factuales lo que solo son estimaciones.

Esto es algo que también está ocurriendo con la crisis económica. Vean un ejemplo de esta misma semana. El ajuste fiscal traerá de nuevo la recesión a España, titulaba EL PAÍS el pasado jueves una columna de la sección de Economía. En estos momentos existe una gran incertidumbre acerca de si las medidas de contención del déficit impuestas en Europa por esa ‘abstracción de carácter teológico’ que según Juan José Millás son los mercados, impedirán la recuperación económica. Si es así, será seguro noticia de portada. Pero de momento lo que dio pie a ese titular era solo una previsión de Funcas, la fundación de las cajas de ahorro.

En una sociedad con tanto miedo y tanta necesidad de anticipación como la que describe Daniel Innerarity en su libro El futuro y sus enemigos, publicar previsiones se ha convertido en imperativo. Los organismos económicos nos zarandean constantemente con una cantidad insoportable de anticipaciones y al final resulta difícil distinguir los datos reales de las previsiones. Siempre que se publique un estudio de este tipo, debe figurar en el titular que se trata de una previsión y quién la hace. De lo contrario inducimos a engaño. Y hemos de aquilatar bien cuándo está justificado llevar un dato negativo al titular. La ecuanimidad y la ponderación también son valores del periodismo riguroso.’

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